jueves, 2 de junio de 2016

La revolución científica iniciada en el Renacimiento por Copérnico y continuada en el siglo XVII por Galileo y Kepler tuvo su culminación en la obra del científico británico Isaac Newton (1642-1727), a quien no cabe juzgar sino como uno de los más grandes genios de la historia de la ciencia. Sin olvidar sus importantes aportaciones a las matemáticas, la astronomía y la óptica, lo más brillante de su contribución pertenece al campo de la física, hasta el punto de que física clásica y física newtoniana son hoy expresiones sinónimas.

Isaac Newton
Conocedor de los estudios sobre el movimiento de Galileo y de las leyes de Keplersobre las órbitas de los planetas, Newton estableció las leyes fundamentales de la dinámica (ley de inercia, proporcionalidad de fuerza y aceleración y principio de acción y reacción) y dedujo de ellas la ley de gravitación universal. Los hallazgos de Newton deslumbraron a la comunidad científica: la clarificación y formulación matemática de la relación entre fuerza y movimiento permitía explicar y predecir tanto la trayectoria de un flecha como la órbita de Marte, unificando la mecánica terrestre y la celeste. Con su magistral sistematización de las leyes del movimiento, Newton liquidó el aristotelismo, imperante durante casi dos mil años, y creó un nuevo paradigma (la física clásica) que se mantendría vigente hasta principios del siglo XX, cuando otro genio de su misma magnitud, Albert Einstein, formuló la teoría de la relatividad.
Una infancia difícil
Isaac Newton nació en las primeras horas del 25 de diciembre de 1642 (4 de enero de 1643, según el calendario gregoriano), en la pequeña aldea de Woolsthorpe, en el condado de Lincolnshire. Su padre, un pequeño terrateniente, acababa de fallecer a comienzos de octubre, tras haber contraído matrimonio en abril del mismo año con Hannah Ayscough, procedente de una familia en otro tiempo acomodada.
Cuando el pequeño Isaac acababa de cumplir tres años, su madre contrajo de nuevo matrimonio con el reverendo Barnabas Smith, rector de North Witham, lo que tuvo como consecuencia un hecho que influiría decisivamente en el desarrollo del carácter de Newton: Hannah se trasladó a la casa de su nuevo marido y su hijo quedó en Woolsthorpe, al cuidado de su abuela materna.
Del odio que ello le hizo concebir a Newton contra su madre y el reverendo Smith da buena cuenta el hecho de que, en una lista de «pecados» de los que se autoinculpó a los diecinueve años, el número trece fuera el haber deseado incendiarles la casa con ellos dentro. Cuando Newton contaba doce años, su madre, otra vez viuda, regresó a Woolsthorpe, trayendo consigo la sustanciosa herencia que le había legado el segundo marido (y de la que Newton se beneficiaría a la muerte de ella en 1679), además de tres hermanastros para Isaac, dos niñas y un niño.

Henry Bessemer

Henry Bessemer.
Henry Bessemer (CharltonInglaterra19 de enero de 1813-Londres 15 de marzo de 1898) fue un ingeniero, fundidor de tipos de imprenta, pionero de la siderurgia moderna, e inventor del proceso de refinado de acero que lleva su nombre (el Proceso Bessemer, que se aplica en los Hornos Thomas-Bessemer de la siderurgia).
Desde su infancia mostró gran capacidad de trabajo e inventiva. Hizo su fortuna mediante una fórmula secreta para fabricar “polvo de oro”, una purpurina a base de polvo de latón y pintura que invadió el mercado y doró media Inglaterra; marcos de cuadros, interiores de palacios e iglesias, figuras de madera o escayola, carruajes, barcos, etc..
Durante la guerra de Crimea inventó un proyectil de artillería muy eficaz, sin embargo los técnicos militares informaron que los cañones de hierro fundido de la época no eran capaces de resistir la fuerza de este nuevo proyectil.
Bessemer se centró en resolver el asunto y así, en 1855, patentó un proceso de refino y reducción de hierro para producir acero en cantidades industriales a bajo costo. El procedimiento consistía en soplar aire a presión en el fondo de la cuchara donde se colaba elarrabio. El aire hace reaccionar su oxígeno con el silicio, luego el carbono, seguidamente del fósforo, los cuales son impurezas del hierro de la fundición. La reacción del oxígeno y el silicio es altamente exotérmica, lo que hacía que el metal se siguiera fundiendo sin necesidad de gastar más combustible. El aire se inyecta a presión por la parte de abajo del recipiente que tiene forma de una cuchara abierta, y se detiene hasta que surge una llama roja, la cual indica la oxidación del hierro.
Con el tiempo la cuchara abierta fue sustituida por la cuchara ovoidal abierta en la superficie superior, mecanismo aún se conoce como convertidor Bessemer. Actualmente el proceso Bessemer está en decadencia sustituido por sus herederos; los procesos Linde o LD de soplado a presión de oxígeno puro.
El impacto de este invento, en el contexto de la Revolución industrial, fue inmenso. Mientras nacía la industria pesada astilleros, ferrocarriles, maquinaria fabril...) se logró una materia prima abundante y barata. El acero que ahora se conseguía en grandes cantidades hizo factibles otros logros. Gracias a Bessemer se pudo ver buques de acero mayores, mejores y más baratos, puentes, mayores ferrocarriles, rascacielos, etc. Es decir todo lo que caracterizó al siglo XIX como impulsor del siglo XX.
Experimentó con la fusión de metales a través del uso de un horno solar de 305 centímetros de diámetro, construido con muchos espejos planos diminutos.